lunes, 2 de enero de 2017

ALGUIEN ME ACOMPAÑA

Con el tiempo y en innumerables ocasiones, creo perder el rumbo. Sin embargo, si lo miro más detenidamente, me doy cuenta de algo. Dentro de ese camino que al principio fue definido y nítido, con el tiempo, más que perderlo, se borra. No lo encuentro. Es como si fuese algo absurdo continuar el rumbo, mantenerlo. Me falta confianza para ello, me faltan ganas. 
Normalmente, comienzo muy deprisa con ganas de seguir sin mirar hasta el final, pero a medida que voy subiendo cuestas y bajando rampas, a medida que hay giros, mi energía parece bajar precipitadamente. Me enfado conmigo misma y pienso: <<Sigo cada día otros caminos sin cansarme ni pensar en la longitud de ellos y no entiendo porque este camino es el más arduo de todos.>> 
A veces pienso si ese camino debería ser abandonado, si tiene algún sentido pisarlo. Y aún no sé la respuesta. Imagino el final; pero aún no lo tengo claro. 
Sé que muchas personas tienen el suyo claro, que se comprometen, que lo miran todos los días. Se detienen a mirar las flores. 
Yo en cambio, no lo hago. Miro el cielo, miro la tierra debajo de mis pies. Miro el paisaje y es igual que el resto de los senderos y sin embargo, hay algo distinto. Alguien me acompaña. 

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