jueves, 17 de agosto de 2017

AGUDIZANDO LOS SENTIDOS (IV): BARCELONA

Estimada ciutat meva, rica i sabia que n'ets, m'apiado de tu al trobar-te ferida.
L'horror, el pànic i la tristor t'han disfressat i no reconec per la televisió els carrers plens de gent que tu il·lumines cada dia. 

Estimada ciutat meva, m'has vist créixer i enamorar-me, m'has vist enfonsar-me; però jo mai t'he vist angoixar-te.
Aixecat mica en mica i adonat que el poble t'estima i que tothom et curarà el mal patit. No arronsis els braços, no hi ha res perdut. Tu que ens has donat cultura, llibertat, diversitat i amor, mai et donarem de costat. 


Estimada ciutat meva, reina de allà on vulguis anar, et trobo sensible i silenciosa. No vull veure la massacre ni els assassins, tampoc el descontrol. No em fan falta. Necessito tornar a olorar els racons de la Boqueria, veure cartells publicitaris de teatre i prendrem un cafè a meitat de la Rambla.


Estimada ciutat meva, estimada Barcelona. Et crido i et canto, mai més et sentis sola. Allà on vagi et veuré com a casa meva on esta el meu cor.

viernes, 4 de agosto de 2017

REMINISCENCIAS

Sé que debería decir lo que siento, pero es que el corazón se me esta congelando y apenas puede hablar. Éste además parece desorientado; intentando recuperarse de los tremendos giros provocados por la falsa seguridad que rige en el. Ya desconfía de todos. 

Cuando mira hacia atrás piensa que a perdido algo y que con el paso del tiempo, igual que todos, irá necesitando menos y exigiendo más. Será como una especie de lucha de dominancia y no tendrá fin.
Sin embargo, en días de llovizna, en días de sol invernal, en días de atardeceres plácidos; donde el corazón parece ablandarse... algo en él suena. 

Las reminiscencias parecen cobrar vida y simplemente, lucen. Le mantienen distraído, absorto en su pequeño sueño paradisíaco, recordando pequeños instantes que provocaron el palpito irregular a un indiferente y cada vez más frío corazón congelado.


miércoles, 19 de julio de 2017

SERÁ CUESTIÓN DE EDAD

Quieres que te defina tu frialdad consentida y tu masculinidad para sentirte más fuerte,
cuelgas fotos atractivas para llamar la atención de tus admiradoras consentidas,
publicas y escribes en tus redes sociales rebeldías que reflejan tu poca humanidad.



Te crees con el derecho de pasar de las personas cuando ya no te hacen falta,
y te ves con el poder suficiente de disuadirlas cuando quieres volverlas a ver.

Intentas convencer para jugar a tu juego, con tu reglas y tus prohibiciones.
Intentas que nadie se entere de nada pero justificas el juego en cuanto desmontan tus planes.
¿Y a eso te llamas hombre?
Permítame que me ría si algún día se refieren a ti de esa forma,
creo que no sabría identificarte.

Para mí, un hombre, como una mujer, no necesita ir durante todo el día definiendo su género; ya lo sabe.
Se sabe porque merecen respecto y porque los impulsos inmaduros ya hace años que los dejaron atrás.
¿Será cuestión de edad?